OKAVANGO DELTA
Donde el agua enseña a escuchar
(Inspirado en el encuadre “Safari por el agua” de la entrada de su documento sobre el delta del Okavango).-compressed%20(1).pdf) [100_Dream_...ressed (1)]
Lo primero que me enseñó el Delta fue a dejar de hablar.
En el mapa, el Okavango parece como si alguien hubiera volcado un río sobre el desierto y se hubiera olvidado de barrer los pedazos. Sobre el agua, en un mokoro de eslora baja, el tiempo se detiene fingiendo que se mueve en línea recta. La proa suspira entre lirios y el mundo se reduce al batir de labios contra el casco, un vaivén de papiros, la precisa puntuación de un águila pescadora en el cielo. “Aquí no se habla mucho”, murmura mi poler, Thero, empujándonos con la batea hacia un canal vidrioso. “Escuchamos. El agua dice cosas antes que los animales”. Al fin y al cabo, el Okavango es safari acuático—a flood‑driven laboratory where routes appear and vanish, islands become peninsulas and back again, and even elephants take to the swim when that feels like the most sensible thing in the world.-compressed%20(1).pdf) [100_Dream_...ressed (1)]
Había volado en un pequeño Cessna desde Maun, esa ciudad de pilotos en la que los sombreros de expedición superaban en número a las nubes y en cada cola de café se susurraba el avistamiento de un leopardo. La pista de aterrizaje era una puntada morena en una colcha verde. Un Land Cruiser me llevó al campamento, con libélulas haciendo autostop en el polvo a nuestras espaldas, y luego, tras las presentaciones con los ojos muy abiertos al personal cuyos nombres aún recuerdo como un acorde -Neo, Kago, Thero-, nos lanzamos al agua.
Primer día: Releer el mapa
Los canales empezaron inmediatamente a deshacer mi sentido de la orientación. Las catedrales de papiro arrojaban el sol; las islas de arena flotaban al borde de la visión, y los juncos funcionaban como susurros, metiéndose la conversación en el bolsillo. Fuimos a la deriva cerca de una balsa de nenúfares, los platillos blancos vueltos hacia arriba, las abejas cotilleando en sus barras de polen. “Hipopótamo”, dijo Thero, una pregunta y un hecho; asentí con la cabeza, con el pulso haciendo esa tontería de ciudad. El primer estallido de agua sonó como la exhalación de un planeta, y luego otro, más cerca: espaldas redondas abultadas, ojos que se alzaban como periscopios. “Respetad la sección de barítonos”, sonrió Thero, abriéndonos paso. “Son los dueños de los derechos de estas pistas”.”
Estábamos de camino a un remoto campamento entre chacales y árboles de plomo, una casa-árbol donde las pasarelas se curvan como lo haría un río de madera. El almuerzo consistió en papilla, seswaa y tomates que sabían como si una abuela exigente les hubiera enseñado a ser tomates. Después, un ventilador hizo clic como hacen los ventiladores cuando han sido fieles durante años. Duermes la siesta en el Delta como si los sueños fueran otro tipo de migración.
Buenas noches: Moremi's Low Light, High Drama
Para cuando cruzamos la laguna hacia el Reserva de caza de Moremi límite, la luz se había vuelto totalmente cinematográfica, el polvo atrapando rayos de sol en la hierba alta y el aire lo suficientemente cálido como para poner los pensamientos a fuego lento. Aquí es donde los elefantes a veces nadan-Había leído la frase, sonreído ante su poesía; ahora veíamos cómo sucedía: troncos como esnórqueles, orejas aplastadas, un ternero boyando entre dos vacas que no dejaban de mirar hacia atrás como diciendo: “Está bien; de verdad, humanos, respirad”.” Botsuana reescribe lo que crees saber sobre los elefantes. You don’t just see them. You absorb their tide..pdf)-compressed%20(1).pdf) [100_Dream_...ressed (1)]
Nos adentramos en un canal donde los juncos se abren para revelar lechwes rojos que caminan tan delicadamente como bailarinas, con sus pezuñas hábiles para leer el barro. Un martín pescador de malaquita se posó a un junco de nuestra proa, todo concentración de color y actitud. “El agua hace que todo el mundo sea cuidadoso”, dijo Thero, “y el cuidado hace que todo el mundo sea bello”. Tenía una forma de convertir las notas de campo en salmos.
De vuelta al campamento, la cena dibujó una constelación de linternas y la noche puso su ópera: hipopótamos refunfuñando, insectos montando una fiesta en algún lugar entre los árboles, una hiena representando su espectáculo de un solo animal en algún lugar no muy lejano. Me tumbé bajo una mosquitera, con ese telón de teatro entre todo y yo, pensando que se puede venir a un lugar como éste por los animales y sorprenderse cuando los animales no se ven. silencio se convierte en protagonista.
Segundo día: Huellas y un león que no se ve
A las 5.15, el café llegó con un “Dumela, rra”, y las estrellas aún no habían marcado sus tarjetas horarias. “Caminaremos un rato”, dijo Neo, “y luego cogeremos el barco”. Con las botas puestas, salimos por un camino de arena que fingía ser recto durante treinta metros y luego se encogía en curvas. Rastrear es otra forma de escuchar; Neo señaló líneas y jeroglíficos en el polvo: jineta, steenbok, la hiena de la noche anterior, otro elefante con una huella más pequeña y borrosa rozando su sombra. Me enseñó a fijarme en los flecos: las hierbas prensadas, la forma en que el rocío se adhiere a las puntas de algunas hojas y no a otras, la tenue nota agria que significa que ha pasado una manada de búfalos.
Nunca vimos al león cuyas huellas corrían paralelas a las nuestras durante un tramo obstinado, pero de eso se trataba. “Es el no ver lo que te mantiene honesto”, dijo Neo. “La gente viene a por avistamientos. Los guías vienen a por señales”. Me sentí a la vez humilde y extrañamente aliviado, como si el mundo hubiera tenido la amabilidad de dejar algunas de sus páginas sin pasar para más tarde.
El calor del mediodía: el arte de hacer una cosa a la vez
El mediodía del delta es para la sombra. Aprendí a ser un animal de una sola cosa: leer un párrafo, beber agua a sorbos, observar cómo una salamanquesa corteja la idea de una hormiga errante, tumbarme y escuchar cómo un pez golpea la superficie de un canal como si sacudiera una alfombra. La tentación es apilar experiencias como si fueran recuerdos. El regalo es dejar que el tiempo se funda en una hora larga y azul.
Por la tarde: Cuando el agua decide tu ruta
Un pequeño drama se desarrolló tarde: una manada de lechwe miró en una dirección el tiempo suficiente como para que nosotros también lo hiciéramos y captáramos el leve roce de la hierba contra los hombros de un gato; guepardo, entonces... y el mundo se redujo a la hierba rayada, un susurro, la idea de la velocidad calentando su motor. La persecución no se produjo. Quizá el gato no había calculado bien la distancia, o el viento tenía el rumor equivocado. Pero nos habíamos colado en un momento que no nos debía nada.
Flotación nocturna: Una luna en el agua
Navegar después de cenar fue idea de Thero. “Sin luces”, dijo, mirando al cielo. “Con la luna basta”. Y así fue. Nos deslizamos en un mundo lento y plateado, los lirios cerrando sus bocas blancas para la noche, el papiro haciendo ese silencio de papel, y una rana de caña intentó su aria en un parche cerca de mi rodilla. “El agua cuenta las grandes historias en voz baja”, dijo Thero. “Sólo las oyes si llevas un rato callado”.”
Tercer día: Irse es un verbo con peso
La última mañana hice lo que se hace cuando se ama un lugar: fingir que sólo se va a dar un pequeño paseo más. Una cigüeña giró la cabeza como si hubiéramos dicho algo grosero; un grupo de hipopótamos redactó un tratado de paz con nuestra estela. En la pista de aterrizaje, una pequeña multitud de garcetas blancas permanecía a nuestro alrededor como esperando el vuelo. Thero me abrazó como lo hacen los ribereños: agarre, golpe, distancia. “La próxima vez”, dijo. “Quizá con el agua más alta. Quizá más abajo. Pero será la próxima vez”.”
Lo que el Okavango te enseña (preguntes o no)
Crees que vas por la lista de animales salvajes. Te quedas por la forma en que el agua reordena tu mente, por la forma en que silencio se convierte en algo que puedes saborear, por la forma en que la mano de un guía sobre una huella nueva te hace comprender que el conocimiento puede ser suave. Vuelves porque los canales no serán los mismos, y porque tú tampoco lo serás.
Sabiduría práctica que ojalá alguien me hubiera susurrado
Empaca lo obvio: capas ligeras, una bufanda para el sol y el polvo, gafas de sol polarizadas, una faro Deja espacio para lo menos obvio: la paciencia; el valor de aburrirse durante veinte minutos para que un martín pescador pueda demostrar que el aburrimiento es un diagnóstico erróneo; unos zapatos capaces de atravesar el rocío y la dignidad por igual. Acepte que el Delta es una improvisación-water escribe el pentagrama, los guías componen la melodía, tú apareces con los oídos abiertos.
Y cuando alguien te diga: “Vamos a flotar un rato”, no mires el reloj. Ya estás donde querías ir.
Nota de la fuente: El delta del Okavango que aparece en su PDF lo presenta como un “safari acuático” que conduce a los Reserva de Moremi y el placer surrealista de elefantes nadadores—those motifs and mood anchor the narrative voice above..pdf)-compressed%20(1).pdf) [100_Dream_...ressed (1)]

Escrito por Kariss
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